Atrapadores de sombras

El fotógrafo es, sin saberlo, un "shadow catcher". Lo que la cámara capta es más que una escena, más que una historia: un conjunto de luces, sombras y tonos que revelan, junto a la imagen exterior, los espectros de nuestro cerebro.

¿Qué es ésto? Amor, pareja, armonía... ¿soledad?, ¿desasosiego? Recuerdos, añoranza, pasado. ¿Frío?, ¿miedo? Lee los comentarios, y escribe los tuyos.



Comentarios

  1. La pareja, al fondo, está desenfocada. El objeto principal de la foto (el que mantiene el enfoque) es la flor, pero nadie se fija en ella demasiado, en parte por su color pálido: es solo un adorno, nos interesa menos. El primer efecto visual es que la pareja está unida, se está dando la mano, pero en realidad es el respaldo de la silla. Uno se fija más entonces, y parecen silenciosos, cabizbajos, aislados cada uno en su propia persona, recogidos dentro de sí mismos.

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  2. La cámara esta vez ha sido valiente, y ha mirado justo al lugar de donde proviene la luz. El truco ha sido enfocar al objeto secundario, a la flor. El desenfoque de la pareja la convierte en esquema, en un fantasma de nuestro cerebro más que en una pareja real, y el contraluz acentúa ese aspecto esquemático, destacando la forma, el contorno, que se continúa con la silla vacía que aparece entre ambos. Esa silla vacía primero parece que los une, pero quizá los separa. El exceso de luz y los tonos claros le dan a la foto sin serlo un aspecto de haber sido tomada o revelada en clave alta. El resultado final es el de una imagen aparentemente plácida y cálida que de pronto se vuelve inquietante.

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